La economía circular solo puede ser una realidad si la materia orgánica vuelve al suelo. Así lo defiende Luis Navedo, presidente de AEBIG, en un artículo publicado en la Revista Energética, donde subraya que España sigue considerando los residuos agroganaderos y agroindustriales como un problema cuando, en realidad, constituyen un recurso estratégico para la transición energética, la agricultura y la soberanía de recursos. En este sentido, destaca el papel de la digestión anaerobia y la producción de biogás y biometano como tecnologías capaces de reducir las emisiones de metano, generar energía renovable de proximidad y mejorar la gestión de los residuos orgánicos, contribuyendo a un modelo energético más circular y descentralizado.

Navedo pone el foco en el gran olvidado de este proceso: el digerido, un fertilizante orgánico rico en nitrógeno, fósforo y potasio que mejora la fertilidad y la estructura del suelo, favorece la biodiversidad microbiana, contribuye a la captura de carbono y reduce la dependencia de fertilizantes minerales importados. No obstante, advierte de que su desarrollo sigue limitado por la falta de un marco normativo claro, una regulación fragmentada y barreras de mercado que dificultan su valorización. Con un potencial económico que supera los 1.000 millones de euros anuales en Europa, según la Asociación Europea de Biogás (EBA por sus siglas en inglés), el presidente de AEBIG considera que España tiene la oportunidad de liderar la integración entre energía, agricultura y territorio, transformando los residuos orgánicos en una ventaja competitiva y reforzando la resiliencia del sistema agrario.